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Hacia la búsqueda de una nueva perspectiva: mi experiencia en Ednica

Siempre pensé que México es mi segundo hogar. Volví con muchas ganas de enfrentarme al DF, ahora llamada Ciudad de México. Aiesec, la organización en la que estoy desempeñando mi proyecto, me dio la oportunidad de enfrentarme a mí misma y al mundo…bueno, aunque sea a una pequeña parte de él. Ellos me trajeron a Ednica, un centro comunitario que brinda apoyo a chicos y chicas en situación de calle. Al principio, todo era incierto para mí, puesto que no tenía mayor información con respecto a lo que realizaría. A medida que iban avanzando las semanas ya no había más dudas. Las incógnitas se convirtieron en respuestas.

Una de esas respuestas fue lo sorprendente que fue este proceso, por los  vínculos que puedes llegar a tener con las personas que te rodean. No se imaginan lo agradable y divertido que puede ser el compartir tiempo con chicos que trabajan en calle así como pasar el tiempo con los trabajadores de la institución. Pude escuchar desde las historias más graciosas, hasta historias que pueden ser un tanto tristes o amargas, pero  de las que se pueden sacar una lección. También, pude salir a calle y ver la situación de los chicos y chicas que vienen al centro en el horario de la mañana. Fue impactante.

Puedo admitir que otra de las respuestas que encontré al emprender este proyecto fue lo sumamente retante que pudo llegar a ser tanto física como emocionalmente, debido a que estas semanas, por una parte, han demandado mucho desgaste físico, ya que los niños tienden a moverse de un lado a otro mientras juegan y eso implica el tener que percatarse que todo marche con normalidad. Por otra parte, la parte emocional también fue muy retante, ya que me considero una persona sensible. Un ejemplo de ello fue que tuve la suerte de oír las vivencias y necesidades de las personas a las cuales supervisaba. Todo ello, y aunque suene muy metafórico, escarbaba mi alma… ¿Cómo decirles a ellos que todo estará bien y que hay que seguir adelante si eres consciente de que no te sientes con todo el optimismo posible? Sin embargo, a pesar de los retos emocionales que pudieron haberse presentado, tuve, además, la alegría de enterarme, antes de terminar este ciclo llamado Ednica, que los integrantes más pequeños están a punto de ir a la escuela. Honestamente, no puedo explicar la alegría que puedo sentir al conocer esta noticia.

No me gustaría terminar esta opinión sin antes hacer las siguientes preguntas:

¿Qué se gana al discriminar? ¿Qué se gana al dejar de lado a las personas si el mismo aire, territorio e inclusive situaciones se presentan para todos por igual? ¿Son para todos los derechos humanos?

Como puede ver, no quisiera que esta sólo fuese una opinión a partir de mi experiencia en el centro comunitario, ni tampoco quisiera que estas últimas preguntas quedaran sin respuestas. Desearía que cada persona que lea esto pueda darse cuenta de que se puede trazar un nuevo punto de vista a partir de mi experiencia. Yo pude resolver mis propias preguntas… ¿y tú?

Somos humanos, no perdamos la humanidad.

¡Muchas gracias Ednica por darme esta oportunidad!